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Daft Punk – Random Access Memories

“Hemos llegado demasiado lejos como para renunciar a lo que somos”, dice una línea de “Get Lucky”, el single con el que Daft Punk anunció su regreso a las pistas hace poco menos de un mes. Y ésa es sólo una de las tantas declaraciones de principios que se pueden encontrar a lo largo de Random Access Memories, el cuarto álbum del dúo francés, y quizás el que más hemos esperado en toda su carrera. Porque no nos mintamos: todos apretamos play con las ganas de amarlo a la primera.

Pero para entender el resultado, y esas desmedidas expectativas que se centran en él, es necesario volver atrás. Ocho años atrás, para ser más específicos, cuando los galos se preparaban para lanzar Human After All, el que tenía la difícil misión de suceder a Discovery, el disco que los hizo realmente grandes. Por ese entonces, los robots ya se debatían entre temas como lo humano y la debacle de la tecnología, negándose a hacer prensa para un conjunto de canciones más bien apocalípticas.

Grabado en poco más de un mes, incluyendo guitarras rockeras y un sonido bastante más denso que sus antecesores, muchos indican a éste como un puntapié de lo que hoy se conoce como EDM, o una de las peores cosas que le pudo haber pasado a la música bailable. La paradoja es que, a través de un disco que trató de ser más humano, infinitos productores toparon con un callejón sin salida de música hecha sin alma. En estos ocho años -o 12 desde Discovery y 16 desde Homework– el panorama cambió: su público fiel envejeció y quizás ya no sale tanto a bailar. Y los potenciales nuevos fanáticos alucinan bailando de manera uniforme con Skrillex o David Guetta.

¿Cómo podrían responder a eso los franceses? Con cinco años de trabajo. Con lo humano nuevamente como tema central, pero esta vez con el afán de mostrar un mensaje de bienestar y de mayor optimismo. Con instrumentos reales, con personas tocando y con un amplio y estelar grupo de colaboradores. Basta haber escuchado sus discos anteriores para saber dos cosas: que Daft Punk no deja nada al azar, ni en lo técnico ni en lo sonoro; y que sus discos no son meras colecciones de singles pegoteados, sino obras basadas en conceptos y viajes que deben escucharse completos y en orden para entenderlos mejor.

Por eso, y tomando en cuenta esto último, quizás “Get Lucky” no era la mejor puerta de entrada para Random Access Memories, básicamente porque no existe ninguna otra canción tan pegote o “bailable” dentro del disco. Por eso quienes esperaban otras 12 más o menos iguales se van a llevar una profunda decepción. O ya la están sintiendo, según los primeros comentarios desde que se liberó a través de streaming.

Más allá del uso del vocoder, la voz de Todd Edwards o de algunas guitarras que ya son insignes, aquí estamos frente a algo que no les habíamos escuchado nunca. Eso es bueno, porque Daft Punk es de esas bandas que se niega a hacer un disco igual dos veces. Siempre han dicho que disfrutan afrontar cada uno como si fuera el primero, algo que puede resultar un verdadero desafío para nombres con trayectorias largas. Y algo que varios evitan para no salir de su zona de comodidad.

Que la primera canción se llame “Give Life Back to Music”, y que cuente con la colaboración de Nile Rodgers (el genio detrás de Chic, Sister Sledge y varios otros), apunta a lo mismo que hemos venido diciendo en los últimos párrafos. Ésta, como casi todo el resto del disco, no es ni tan electrónica ni tan bailable. Es música de una banda humana que podría haber existido en los ’70, con arreglos que recuerdan casi de inmediato a ELO, para luego dar paso a “The Game of Love”, que puede pasar como una balada más de los franceses (tipo “Something About Us”), pero filtrada por Sade. Dos combos al mentón con la capacidad de exasperar a los que no se pueden sacar “Get Lucky” de la cabeza. O peor: que se niegan a recibir otra cosa que no sea “One More Time”, “Da Funk” o cualquier otro single exitoso.

Para rematarlos en el suelo, después vienen la épica y alucinante “Giorgio by Moroder” -una de las colaboraciones más esperadas en el papel- y “Within”, con el reconocible piano clásico de Chilly Gonzales. Ambas son perfectas muestras del talento de los invitados, quienes logran plasmar sus personalidades a través de los franceses y no al revés. Esa ecuación se repite también con las inclusiones de Panda Bear, Julian Casablancas o el citado Todd Edwards, generando una sensación de desconcierto, como si no existiese un hilo conductor musical a lo largo del álbum.

Y no lo hay. Al menos musical. Porque la intención común de Random Access Memories pasa más por la ya citada necesidad de humanizarse y además por la de desafiar, tanto a ellos mismos como a nosotros, los oyentes. También de mostrarnos los elementos reconocibles necesarios para saber que se trata de ellos, pero con el propósito de atraernos para luego llevarnos a un destino inesperado. Esto queda todavía más claro al escuchar las canciones que cumplen una función más conectora, como “Touch”, “Motherboard” o “Beyond”, que -separadas por “Doin’ It Right, uno de los puntos más altos del disco- dejan todo listo para rematar con la caótica “Contact”, una colaboración con el francés DJ Falcon, amigo de años de Thomas Bangalter y puntal del french touch.

En la actualidad, son muchos más los artistas que presentan exactamente lo que se espera de ellos. El resultado suele ser monótono, simplón y poco arriesgado. Muy pocos son capaces de trabajar bajo sus propias reglas y en sus propios tiempos. La gente pidió a gritos el regreso de Daft Punk, pero haberles exigido que lo hicieran siguiendo su propio manual de estilo -o respondiendo a cómo influyeron en otros- hubiese sido obligarlos a renunciar a lo que son. El dúo francés eligió exactamente cómo, cuándo y con quién. Y personalmente no se me ocurre una mejor diferencia entre ellos y todos los demás.