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Trainspotting: Música y cine separados por 21 años

Heroína, cerveza, locura, regresos, remisión y un buen puñado de extraordinarias canciones, son parte fundamental de esta obra icónica que pasamos a revisar, esta vez (para ponernos en sintonía) desde un inodoro. Así de comprometidos.

Por Pato Guzmán

“Yo no elegí la vida, yo elegí otra cosa, ¿y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?”, era en 1996 el impresionante mazazo que daba en los primeros minutos de reproducción Trainspotting, película de culto de Danny Boyle que retrataba fidedignamente la “cultura” de las drogas, la miseria social y la explosiva combinación de alcohol, fiesta y delincuencia llevada a su máxima expresión por una juventud que sólo buscaba rehuir sus problemas y pasarla bien al borde de la cornisa.

Con esos argumentos surge el otro pilar de la cinta: su espectacular banda sonora. 21 años después sigue volándonos la cabeza y demostrando la importancia de la música bien sincronizada con la narración y la atmósfera que proyecta. Así, 16 canciones dieron vida al fabuloso primer soundtrack; y 15 al segundo, que no generó tanto efecto como el original.

Recordando aciertos impecables

“Lust for Life”, de Iggy Pop, comienza este viaje adrenalínico por el submundo de Mark Renton (Ewan McGregor) y sus compañeros, donde ad hoc con los sonidos, el personaje principal escapa a toda velocidad de la policía, contándonos con su voz en off con qué clase de vida nos encontraríamos y quiénes eran sus amigotes. Acertada, movediza… llena de rock & roll. Temazo.

Brian Eno nunca se imaginó que su “Deep Blue Day” estaría en una de las escenas más memorables de T1. El peor baño de Edimburgo, donde se desarrolla la trama, le da la bienvenida a Renton, quien en una clara descompensación mental (producto de los alucinógenos) decide sumergirse en un wáter lleno de mierda, que, para su estado, era realmente un paraíso acuático. Buceo musical atmosférico, ficticio, instrumentalizada quiméricamente, quizás, una de las piezas más bellas que haya hecho Eno.

Blur aporta lo suyo. “Sing” termina una de las escenas más trágicas de la película: la muerte del bebé de Allison y Sick Boy. Una lúgubre pocilga es el escenario, mientras el llanto desesperado de la madre, y la súplica posterior de la misma a Mark por más heroína, son la base para comenzar los tristes acordes de una canción que habla de insensibilidad, cuestionamientos y literalmente de un niño que ha muerto (“If the child is dead”).

Una buena dosis de diacetilmorfina y el peor (o mejor) viaje del intérprete lo hunden de inmediato en una vieja y desgastada alfombra roja. Sobredosis a cuesta, todo bajo la sinfonía melancólica de Lou Reed y su “Perfect Day”. Voz narcolépsica perfectamente ejecutada, piano penumbroso, ideal para alguien que, como dice la letra, “pensaba ser otra persona”, pero que claramente no le resultó.

Para el final esta joyita: “Born Slippy (NUXX)” de Underworld. El plan de escape ya está decidido y siendo fraguado. Es el gran golpe de Renton y lo hace con la potencia y adrenalina necesarias para la última locura. Techno y hard trance para poner tu corazón a mil, transformando al single en uno de los mejores de los últimos años del siglo XX.

Varios pasos más atrás

El infierno social llevado por los narcóticos, la desesperanza y el descriterio como método de diversión fueron los ejes centrales de la cinta llevada casi con perfección hace más de dos décadas por Boyle. Su continuación, basada en la novela Porno de Irvine Welsh, está lejos de ser ese fenómenos pop de los noventa, para convertirse en una secuela tibiona, decepcionante, que dejó a la original en el glorioso pedestal que merece sin duda.

Quizás las ansias de volver a ver temáticas trasgresoras puestas con la viveza e intuición desfachatada de su director, terminó por sepultar las ambiciones de quienes esperábamos algo más. Honestamente desapareció la heroína (el gran factor que provocaba los intensos sucesos), el alcohol a destajo y la locura, para dar paso a cierta madurez e introspección de sus personajes que buscan, de alguna forma, redimirse y salir del averno.

El tracklist es otra cosa. Sin ser tampoco superior a su antecesor, tiene muy buenas incrustaciones, pero que están lejos de resolver la ecuación entre escenas y musicalización. Pero de todas formas funciona muy bien al oído y la trayectoria de los artistas lo avala.

La primera sorpresa es la de The Prodigy con un remix de la mismísima “Lust For Life” de la Iguana. Potente, fresca, maquinadamente para que suene algo más poderosa y tímidamente diabólica. Eso sí, hay que esperar los últimos minutos del filme para que un reformado y endorfínico Mark Renton se atreva a poner play para disfrutarla en su habitación.

Lo mismo sucede con Underworld si hablamos de carácter. Los originarios de Londres colaboran con una nueva versión de “Born Slippy (NUXX)”, llamada curiosamente “Slow Slippy”. Y así camina, en un downtempo sensual, con esos toques electrónicos experimentales bien hilvanados por la dupla de Karl Hyde y Rick Smith.

Aporte es lo que ofrece la inclusión en el compilado de “Relax”, de los Frankie Goes to Hollywood, justo en uno de los momentos más divertidos, con el violento y sociópata Francis Begbie, nuevamente muy bien interpretado por Robert Carlyle, persiguiendo encolerizado al personaje de McGregor para asesinarlo. Todo encaja.

Así van pasando tinos como la reconocible “Radio Ga Ga” de Queen, la lenta y bien elaborada “Silk” de Wolf Alice, o Blondie, con la histórica “Dreaming”, entre otras. En definitiva, un álbum que incuestionablemente hay que descargar, pero que, al igual que la película, no alcanzan a superar lo ocurrido en el año ’96. Y ahí es donde tiramos la cadena.

  • Caterina Alessandrini Szorenyi

    En primer lugar T2 no está basada en Porn, sino que toma elementos de Porn y de Trainspotting (1), Boyle leyó el screenplay basado en Porn pero consideró que no funcionaba (Porn sucede 10 años después de Trainspotting y Mark es dueño de un club en Amsterdam, nada que ver con T2). T2 tampoco es tibiona, sino claramente más lenta, los personajes están 20 años más viejos y probablemente el único que busca “redimirse” es Spud. Mala crítica ésta.