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Abalo/Eyzaguirre presentan su primer trabajo, “Invernadero”

Observar un grupo de moluscos sacudido por una corriente intensa, sus corazas vibrando y estremeciéndose el impactar el agua. Estar al pie de un acantilado rocoso y sentir el viento y el sol y la furia de los elementos. Presionar la palanca de un pulverizador y contemplar el agua flotar en el espacio mientras cae y desaparece.

Esas imágenes se me cruzaron al escuchar el álbum Invernadero, de Juan Pablo Abalo y Juan Carlos Eyzaguirre. Seis tracks que combinan el piano y la electrónica ambiental, y que hoy es lanzado por el sello nacional 11:11. La mezcla y masterización la realizó el artista alemán Uwe Schmidt, quien les propuso un diseño sonoro que inmediatamente congenió con sus gustos. Invernadero es una brillante colección de ideas, que captura elementos recónditos con el propósito de hacerlos abandonar su escondite. Un álbum que, como el lector podrá intuir, adoré desde el primer clic de estática ambiental.

Se trata de un ensamblaje sonoro que cruza el ambient con elementos acústicos, apropiándose de un sentido de experimentación pandémica ajustado a los tiempos que vivimos. Pianos distribuidos con un gusto exquisito. Percusiones tambaleantes y casi erráticas que se asemejan al ritmo cardiaco de un animal vivo. Un álbum manufacturado en un espacio cerrado, en donde los elementos implosionan y se abrazan alternadamente. En palabras de Abalo, “un Invernadero al final es como una casa donde se protege la vida de las plantas frente a las inclemencias del tiempo, y eso era un poco lo que estábamos haciendo. Cada uno encerrado, como todo el mundo protegiendo la propia vida del contagio y la música era una parte del alimento que se hizo indispensable para ambos”.

Pulverización abre el disco de manera subrepticia y gradual. La percusión va apareciendo en pequeños golpes graves, a la manera de la yema de un dedo tocando repetidamente una ventana. El piano salta y repica, como queriendo fundirse en sus propias notas. Un track luminoso y delicado que nos remite a la música de Jan Jelinek, y cuyo espíritu se mantiene en los dos siguientes, Dos Reinos y Éter.

Un Mundo Secreto, en un tono más oscuro, incorpora una percusión más convencional y un sample vocal emparentado con el trabajo de Burial. Lo mismo con 7.500 Metros, que se atreve con un bombo robusto para fundir pianos, sintetizadores y bajos. El último, Dimensiones de un Subespacio, cierra el álbum trastabillando y volviendo a comenzar, invitándonos a reiniciar la escucha como si se tratara de un disco de doce, dieciocho o veinticuatro tracks.

Invernadero es un descubrimiento de dos artistas con un trabajo sólido que se atreven a producir algo inesperado. Un regalo para los seguidores de su música que crece con cada escucha y que desde aquí invito a disfrutar a partir de hoy en Spotify, Apple Music, Youtube, Deezer y Bandcamp, entre otras plataformas.

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