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Nuestros respetos, David Mancuso

La música está de luto. No sólo la música de baile o la cultura de club. La música a secas.

Esta semana, a los 72 años, murió David Mancuso. El neoyorquino -que, al igual que la mayoría de los primeros pinchadiscos de la Gran Manzana, era de origen italiano- no pasará a la historia como un DJ más, sino como alguien que ayudó a definir el club como lo disfrutamos hoy y a integrar a gente distinta y desprejuiciada a través del baile.

Probablemente se leerá mucho en estos días de sus eclécticos sets, que ayudaron a impulsar distintos sonidos durante los ’70. No sólo lo más evidente como la música disco y el R&B, sino también el afrobeat. Pero la quizás la importancia más grande que dejará su legada es el amor por la fiesta bien hecha e inclusiva.

En 1970, aburrido de las políticas exclusivas y discriminatorias de las fiestas más comerciales de Nueva York, puso a su disposición su propia casa en calle Broadway para fundar The Loft. Para mantenerlas en la legalidad, algo que siempre le costó, las mantuvo privadas. Se entraba sólo con invitación (algo que, bien sabemos, se deformó en el tiempo) y adentro no podías comprar nada para comer o tomar. Sólo ibas a bailar música que no sabías que era tu favorita hasta que la escuchabas. Y ahí convivían todos los rechazados; los que no podían entrar a ninguna parte.

Todos los grandes lugares sobre los que se suele escribir del Nueva York de los ’70, como el Paradise Garage de Larry Levan o el The Gallery de Frankie Knuckles y Grace Jones, no habrían existido sin The Loft y sin el gusto musical y habilidad para mezclarla de Mancuso (algo que luego descartó en pos de escuchar las canciones completas). Y encima de eso, su obsesión con el sonido de alta fidelidad -audiófilo, le decían-, algo que a principios de los ’70 era irrelevante para muchos, pero no para él. Montar el sistema de sonido en The Loft fue una tarea de obsesión que sentó las bases de cómo debían sonar apropiadamente en el futuro.

La guinda de la torta fue su ayuda para organizar lo que se conoció como Record Pool, un reconocimiento a los DJs como una profesión que podía ayudar a promover discos y no a ser los enemigos, como solían decir los sellos. A través de Mancuso, él y sus colegas pudieron recibir las primeras copias de promoción, o promo copies, algo que hoy es la norma.

En NNM no podíamos no reconocer y agradecer el legado de uno de los más grandes, en un año que no nos dio más tregua.

Para despedirlo, los dejamos con un set de tres horas en The Loft, un vídeo donde explica cómo armó el sistema de sonido en el mítico club y una de las tantas canciones desconocidas que ayudó a convertir en un hit de la época desde su pequeña trinchera.

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