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Primal Scream – Chaosmosis

Apretar play para escuchar lo nuevo de Primal Scream significa tener un corto de whisky a mano. O una cerveza bien helada. Para disfrutar. También resolver una pregunta que les encanta dejar sobre la mesa: ¿nos vamos por el sudoroso mundo de las guitarras y las desveladas noches en el garaje? ¿O preferimos enchufar cables y poner pitutitos abrazando sintetizadores y máquinas?

Chaosmosis, el undécimo disco de estudio de los escoceses, es un paseo cargado, definitivamente, por la electrónica y el pop, percibido de entrada con “Trippin´On Your Love” (junto a Alana, Danielle y Este Haim), el track que abre la placa y que tiene detrás al gran músico y productor sueco Björn Yttling. Accesible, guitarreado en instantes, bailable… salido del lado B o C
de Screamadelica, su icónico álbum.

Fue pensado para bailar. En cierta medida. Y lo corrobora “Where The Light Gets In”, junto a Sky Ferreira, un acierto contagioso, agradable y que, a gusto del consumidor, puede ser el mejor tema del LP. “(Feeling Like A) Demon Again” y “Carnival of Fools” muestran esa cara que apunta la diversidad de proyectos como Monaco, Human League, pero por sobre todo, a los experimentados Kraftwerk. Un placer.

Pero también contiene canciones que esconden resaca, personalismos y oídos sordos: “When The Blackout Meets The Fallout”, es un claro ejemplo de aquello. La introspección y los recuerdos sobre terribles adicciones, son demonios dominados a la perfección por su líder, Bobby Gillespie, y que refleja claramente en “I Can Change”. Mientras que el cierre, a cargo de “Autumn in Paradise”, es un gustito sabor a New Order, el mismo que se dan con “100% or Nothing” (donde repiten voces las hermanas del grupo Haim).

Chaosmosis, en definitiva, es un buen material, pero ligero, lejano a álbumes anteriores como Riot City Blues (2006), More Light (2013), y mucho, pero mucho más atrás que XTRMNTR (2000) y su pieza más afamada, Screamadelica (1991). De todas formas son bien recibidos los aciertos y las fórmulas que buscan captar otro tipo de público, como también a un Gillespie lo suficientemente empático, inquietante y permisivo. Tanto, como para dejar que el bagaje de su banda saque adelante un nuevo disco. Cerveza por favor.

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